Jaime de Valparaíso

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viernes, 1 de julio de 2011

EL LIBRE EXAMEN (articulo de ILEC )



EL LIBRE EXAMEN

Valor laico por excelencia, el libre examen implica no solamente la afirmación de un derecho, el de la absoluta libertad de consciencia, sine y sobre todo la afirmación de un deber ; el de no reconocer ningún dogma y de proceder con espíritu crítico en la discusión de las ideas recibidas, de todas las ideas impuestas, comprendiendo en éstas aquellas profundamente ancladas en su fuero interno, las más perniciosas, aquellas del puritanismo suficiente y del prejudicio.

EL RECHAZO A LA EXCLUSION

Bertold Brecht escribía : "Cuando vinieron a detener a un comunista, yo no dije nada ; Cuando vinieron a detener un liberal, yo no dije nada ; cuando vinieron a detener un católico, yo no dije nada, cuando vinieron a detenerme ya no había más victimas…"


Y en el mismo sentido existe la exclusión sociale como la exclusión política o la exclusión ideológica, filosófica o religiosa.

Que uno quiera darse cuenta o no, la exclusión de otra persona, la exclusión de una categoría de personas, extranjeras, incluso lejanas, constituye un poco la exclusión de si mismo, el comienze de su propia exclusión, porque simplemente la libertad de cada uno se nutre de la libertad de todos y que ninguna verdadera libertad puede encerrar o ignorar la exclavitud de los otros.

La utopía laica es la aspiración de una sociedad humanista. Una sociedad donde el hombre sea el criterio último. Una sociedad "todos aceptados", "todos ciudadenos", "todos participantes", sin distinción social, sexual, cultural, filosófica o religiosa.

La utopía laica (del griego "laicos", del pueblo) es la aspiración universal, la conquista del saber y del poder por el "laos" (en el sentido global de pueblo, incluyendo hombres y mujeres, niños y niñas de hombres libres o esclavos, de ex-ciudadanos o de barbaros).

La utopía laica es la aspiración al progreso, es decir a más de libertades, a más de responsabilidades, a más de autonomía. Es la convicción que todo se decide aquí y ahora.

Porque no existe el "más alla" y que el sueño de eternidad forjado por las culturas antiguas y las religiones de aquí y de otras partes no es más que un señuelo, sólo nos resta aceptar el duelo de los dioses (que no tienen ninguna reencarnación a ofrecer) y asumir lo absurdo de la vida, limitada deseperádamente a estas pocas decenas de años que separan el nacimiento de la muerte, limites absolutes de nuestra fín…

Nos queda el asumir el duelo del mito ancestral de la vida eterna y fundar sobre esta desesperanza una filosofía resueltamente secular que traslado a la humanidad (la que sobrevivirá a nuestras modestas personas), nuestra atávica necesidad de sobrevivencia.

Sólo nos queda el realizarnos como seres conscientes, expandiendo resueltamente nuestro espíritu , para vivir sin complejos, sin otra limitación que nuestra integridad y aquella de los otros y para aportar nuestra modesta piedra al espacio de libertades que deseamos legar a nuestros hijos.

¿Pero de qué espacio de libertades estamos soñando, cuando hay que aceptar la « necesidad » de una sociedad de dos, tres o cuatro velocidades, entendida como una sociedad donde algunos tienen todo o casi todo y otros nada o casi nada ?

La libertad de pensar, la libertad de expandirse, la libertad de gozar, la libertad de realizarse, se proyecta o transcurre por otras libertades prioritarias, aquellas de existir, de comer, de ser reconocido, de tener su espacio, sin olvidar el derecho a ejercer una profesión y de vivir dignamente de ella.

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